Cómo construyen los ciudadanos su poder a través de la información y la educación
Green Report
Paula Herlo dice que la educación ya no es solo un tema social, sino un problema de seguridad nacional, porque su ausencia hace que la sociedad sea vulnerable a la manipulación y al abuso.
En el nuevo episodio del podcast Green Report - La guía sencilla para convertirse en un ciudadano activo, moderado por Raluca Fișer, la periodista Paula Herlo habla sobre información, educación y presión pública como formas reales de poder cívico, en una sociedad en la que el silencio se vuelve complicidad, y la democracia se defiende con hechos.
Más allá de la indignación y la rabia, el poder de los ciudadanos comienza en un lugar menos espectacular: la información correcta y la educación.
Sin ellas, la presión pública sigue siendo ruido. Con ellas, se convierte en fuerza.
En el diálogo del podcast Green Report, Paula Herlo habla sobre cómo el periodismo, la educación y la reacción del público se han ido vinculando, con el tiempo, en un mecanismo que cambia la relación entre ciudadanos y autoridad.
No mediante gestos simbólicos, sino mediante verificación, insistencia y rechazo a aceptar explicaciones vacías.
Las experiencias discutidas muestran cómo las personas han comenzado a prestar más atención a lo que se les dice, a comparar las declaraciones con la realidad en el terreno y a exigir responsabilidades.
Desde inversiones públicas que no funcionan, hasta instituciones bloqueadas y sistemas que no responden, la información se ha convertido en el primer paso hacia la acción.
En este contexto, la educación ya no es solo un tema social, sino una condición para el funcionamiento de la democracia.
Y la presión pública no aparece de forma espontánea, sino que se construye, paso a paso, a partir del conocimiento, el ejercicio cívico y el valor.
¿Cómo ha cambiado la relación de las personas con el poder y qué herramientas tienen aún los periodistas?
Paula Herlo dice que, en casi veinte años de reportajes, ¡Rumanía, te amo! ha contribuido a un cambio visible de mentalidad.
Las personas ya no ven a la autoridad con la resignación de antes. Ya no parten de la idea de que «de todos modos no cambia nada».
Hoy, la reacción es diferente. Hay revuelta, pero es una revuelta informada. La gente mira cosas concretas. A una alcantarilla que costó cinco millones de euros y no funciona. A una inversión pública y a sus huellas en el terreno.
«También miran y ven lo que no se hizo», dice Paula Herlo. Y hacen preguntas directas sobre cómo se gastaron los fondos.
En este contexto, el periodismo de investigación ha tenido un papel claro. Ha desplazado la atención de las promesas a los resultados. De los discursos a hechos verificables. Ha creado el hábito de comparar las declaraciones con la realidad.
El problema, dice Paula Herlo, es que en el ínterin algunos instrumentos esenciales han desaparecido.
La decisión de la Corte Constitucional de hacer públicas las declaraciones de patrimonio afectó directamente el trabajo de investigación.
«Las declaraciones de patrimonio eran un ingrediente muy importante», explica ella.
Por ellas, los periodistas podían seguir trayectorias. Qué empresas tenía un elegido antes del cargo. Con quién se asociaba. Si antiguos socios ganaban licitaciones públicas. Era una forma de enlazar datos y construir pruebas.
Ahora, esto ya no es posible de forma directa.
Sin acceso público, las investigaciones se complican. Todo pasa a solicitudes oficiales, plazos largos y respuestas tardías.
«Es una herramienta que nos han quitado», dice Paula Herlo.
En ausencia de declaraciones de patrimonio, los periodistas se apoyan en otras fuentes. Plataformas de compras públicas. Datos sobre empresas, accionariado y cifras de negocios. Información pública, recopilada y analizada.
«Trabajamos solo con datos públicos», subraya Herlo.
Aun así, las cosas han cambiado en ambos lados. Los representantes de las autoridades son más cautelosos, más prudentes, saben esconder mejor sus huellas.
Pero también los periodistas se han adaptado.
«Somos quién se enfrenta a quién», dice Paula Herlo.
Un juego continuo entre el poder y quienes lo verifican, en el que las reglas cambian constantemente, pero la apuesta sigue siendo la misma.
¿Cómo pueden las ONG volverse relevantes y atraer a la prensa?
Paula Herlo dice que la prensa está interesada en causas defendidas con nervio, actitud y coraje frente a la autoridad. No en fórmulas prudentes ni en mensajes diluidos.
«La prensa está interesada en personas que no temen a la autoridad», señala Herlo.
Los periodistas reaccionan cuando encuentran personas que no temen confrontar el poder y que asumen públicamente la apuesta de una lucha.
Una ONG tiene posibilidades reales de ser escuchada cuando realmente cree en su causa y la defiende sin dudar.
Paula Herlo da el ejemplo de organizaciones que han llegado a la atención de la prensa mediante posturas firmes, incluso con acusaciones directas a las instituciones estatales. Cuando el mensaje es claro y documentado, la prensa presta atención.
De su experiencia, las autoridades reaccionan mucho más rápido cuando aparece la presión pública. Los procesos, las amenazas judiciales y la exposición mediática funcionan.
«Inmediatamente. Las cosas se mueven enseguida», dice Paula Herlo.
En cambio, el diálogo cortés, sin firmeza, rara vez produce efectos concretos.
Un obstáculo frecuente para las ONG es el miedo. Miedo a controles, bloqueos administrativos, pérdida de financiamiento.
Paula Herlo cuestiona ese miedo.
«¿Qué puede hacer el Estado a una ONG que tiene todos los papeles en regla, presupuestos transparentes, auditoría y orden interno?»
En su opinión, el Estado necesita a las ONG, no al revés.
Para ser visible, una ONG necesita un caso claro, bien documentado, con un impacto fácil de explicar. Debe demostrar el abuso, mostrar las víctimas y las consecuencias.
Sin estos elementos, la causa corre el riesgo de perderse en una competencia dura entre temas. Salud, educación, medio ambiente, cultura, deporte. Todos compiten por la atención pública.
Paula Herlo reconoce que también la prensa hace selecciones difíciles. Hay muchas causas importantes y no todas pueden seguirse. Sin embargo, el periodista mirará el potencial de cambio.
Si una causa puede generar un cambio real en la sociedad, surge el interés.
La periodista dice que no le atraen las acciones simbólicas sin una apuesta estructural. Las plantaciones puntuales o las acciones de higienización no son suficientes.
Importa la misión de la ONG y su capacidad de cambiar un sistema, no solo marcar gestos visibles.
Un ejemplo que da es Ambulancia para Monumentos, proyecto creado por Eugen Vaida y su esposa Verónica, quienes fundaron la iniciativa y la han desarrollado paso a paso.
Un momento clave en el desarrollo del proyecto fue el apoyo temprano del rey Carlos III, en una época en la que casi nadie conocía la existencia de la Ambulancia para Monumentos.
El apoyo vino incluso financiero, a través de una fundación, y otorgó legitimidad internacional a una iniciativa que empezaba.
Paula Herlo cuenta que se encontró con Eugen Vaida en 2021, en plena pandemia. En ese momento, la Ambulancia para Monumentos era más visible en la prensa internacional que en Rumanía. Reportajes de la BBC, material de prensa extranjera, historias de iglesias fortificadas salvadas.
«Entonces pensé que debíamos enfocarnos en que el proyecto fuera conocido también aquí».
Hoy, el proyecto ha crecido mucho. Hay filiales en varias provincias y ambulancias regionales, pero la apuesta sigue siendo enorme.
El patrimonio construido está en estado crítico.
«Aún tenemos 800 monumentos en colapso», dice Paula Herlo, y la necesidad de intervención es constante y urgente.
Sobre cómo ven las comunidades las iniciativas como la Ambulancia para Monumentos, Herlo cuenta cómo se moviliza la comunidad en los momentos en que se consolidan los monumentos.
«Vienen mujeres con pasteles, hombres que quieren ayudar en la consolidación. Están muy impresionados de que el equipo esté formado por estudiantes, especialmente chicas que restauran monumentos».
Además, tras finalizar la restauración, ya sea el alcalde o los vecinos inician iniciativas para valorizar los monumentos mediante todo tipo de eventos organizados en torno a ellos.
Fake news y la responsabilidad del lector
Raluca Fișer, moderadora del podcast, dice que la prensa de hoy en día no se parece en nada a la de hace 20 años.
Ha cambiado la forma en que se hace una noticia, pero sobre todo, cómo llega la información al público. En este contexto, la responsabilidad ya no solo corresponde al periodista, sino también al lector.
«Cuando una información me parece demasiado, siento la necesidad de verificarla», dice Paula Herlo. Es el primer filtro.
Si un titular sorprende, inflama o confirma demasiado bien una creencia personal, es una señal de alarma.
El siguiente paso es verificar la fuente primaria. Una búsqueda sencilla puede mostrar rápidamente si la información es real o falsa. Las herramientas existen. El problema es que muchas personas ya no las usan.
Paula Herlo observa que el público busca a menudo información que confirme sus propias convicciones.
Los algoritmos de las redes sociales acentúan este fenómeno. Te mantienen en una burbuja de contenido que te gusta, valida tus opiniones y te ofrece constantemente el mismo tipo de mensaje.
«La gente quiere su propia verdad, no la verdad», dice la periodista.
La diferencia la hace la exposición a perspectivas diferentes. Seguir más canales de noticias, desde ángulos distintos. Comparar. Escuchar.
Cuando ves la misma información presentada de forma diferente, el sentido común te ayuda a identificar quién miente y quién no.
El problema se agrava cuando la información proviene de fuentes dudosas, sin verificación, y se transforma en certezas.
Paula Herlo habla de las zonas extremas de la desinformación, donde las teorías conspirativas llegan a tratarse como hechos. En estos casos, el diálogo se vuelve difícil, a veces imposible.
Herlo cree que las personas relevantes, las que tienen credibilidad y hacen cosas concretas, deberían incluso entrar en esas burbujas de desinformación y romperlas con hechos.
No mediante moral, sino mediante información. «La verdad es una sola», dice la periodista. Esa verdad basada en hechos, documentos y realidad verificable.
Incluso si no todos quieren escuchar esa verdad, Paula Herlo cree que hay una responsabilidad de decirla.
No para convencer a todos, sino para ofrecer referencias a quienes aún están dispuestos a buscar.
En un espacio dominado por el ruido, la verificación sigue siendo el único gesto que puede marcar la diferencia.
¿Qué consejos tiene Paula Herlo para los jóvenes que quieren hacer periodismo?
El primer consejo es simple y firme: El periodismo no se hace desde la oficina.
«Ve al terreno», dice Herlo.
Sin presencia directa, sin observación en el lugar, no hay periodismo real, solo contenido.
Lo segundo esencial es la documentación. La información debe verificarse desde tantas fuentes como sea posible, hasta el más mínimo detalle. Muchas veces, los detalles aparentemente insignificantes revelan la verdadera historia.
«A veces, las pequeñas cosas son las que llevan adelante la investigación», explica ella.
El tercer consejo, quizás el más personal, está relacionado con la lectura.
«No puedes escribir sin haber leído». La escritura es un músculo que se entrena con el tiempo, y la lectura es la base.
Paula Herlo dice que lee constantemente no solo por información, sino por estilo, ritmo y construcción.
«Se alimenta un tipo de escritura, que luego pasa por ti, por tu experiencia, por tu voz».
Para Herlo, el periodismo no solo significa aparecer en la televisión. También es escritura. Es construcción de textos. Es rigor. Por eso le preocupa que muchos jóvenes parezcan perder la pasión por la profundidad, desanimados por el ritmo acelerado de las noticias.
Una investigación puede durar semanas o meses, y tras su publicación, la atención del público se desplaza rápidamente a otra cosa.
Paula Herlo no es crítica con las nuevas generaciones. Al contrario, dice que aprecia que los jóvenes pongan más énfasis en su vida personal y en sus propios límites.
«Nosotros trabajamos en condiciones duras. Sin vacaciones, sin fines de semana, con estrés permanente. No creo que haya sido saludable».
En su opinión, el problema no es la falta de implicación, sino un sistema que no sabe formarlos ni transmitirles la verdadera apuesta de la profesión.
Para Paula Herlo, el periodismo sigue siendo un pilar de la democracia. El derecho a la verdad, la transparencia y la verificación de hechos son cada vez más atacados.
En un paisaje donde cualquier influencer o canal puede inventar información sin demostrarla, la prensa tiene el rol de vigilar.
En este contexto, la adaptación se vuelve inevitable. Si el público joven está en TikTok, el periodismo debe llegar también allí.
«Haz periodismo en TikTok», dice Paula Herlo. No como renuncia a los estándares, sino como forma de adaptación.
La profesión no cambia en esencia, pero el lenguaje y los canales deben seguir el ritmo de la realidad.
Para la periodista, la solución no es abandonar los principios, sino entender a las nuevas generaciones.
El periodismo no puede exigir sacrificios ciegos, pero tampoco puede renunciar a la rigurosidad. Entre estas dos cosas, dice Paula Herlo, hay que encontrar un equilibrio.
La educación, un problema de seguridad nacional
Para Paula Herlo, la educación es el punto desde donde surgen la mayoría de las vulnerabilidades de Rumanía.
«De aquí viene todo», dice ella.
Tanto las cosas buenas como, sobre todo, las malas. Los datos lo confirman.
Casi el 40% de los graduados son analfabetos funcionales.
La tasa de abandono escolar está entre las más altas de la Unión Europea. Los profesores están desmotivados, el sistema está fragmentado y las desigualdades se profundizan.
En este contexto, la educación ya no puede tratarse solo como un tema sectorial o un problema estrictamente social.
Paula Herlo la ve como una cuestión de seguridad nacional.
«Cuando tienes un 40% de graduados que no entienden lo que leen, creas un terreno perfecto para la manipulación», explica ella.
La desinformación, las fake news y la radicalización no aparecen de la nada. Se apoyan en la falta de educación crítica.
Un sistema educativo débil produce ciudadanos vulnerables.
Personas que no pueden evaluar la información, que no saben distinguir hechos de propaganda y que se dejan influenciar fácilmente. Con el tiempo, estas vulnerabilidades se traducen en inestabilidad social, malas decisiones públicas y debilitamiento de la democracia.
Paula Herlo dice que las soluciones existen y no hay que inventarlas desde cero. Algunas ya son visibles, incluso en Rumanía.
Da el ejemplo de un colegio técnico en Pășcani, transformado radicalmente en los últimos diez años. Con fondos europeos y gestión coherente, la escuela ha llegado a ofrecer recursos que rivalizan con la educación privada.
Robots, drones, tablets, laboratorios modernos.
Cuando el actual director asumió, la media de admisión era poco más de 5. Hoy, supera el 9. Los niños incluso vienen de otras ciudades y se mudan a Pășcani para estudiar allí.
«En diez años convirtió un colegio técnico en una escuela de élite», dice Paula Herlo.
El ejemplo demuestra que el cambio es posible cuando hay visión, continuidad y verdadera autonomía a nivel local.
Un papel clave lo tiene el director de la escuela. Paula Herlo destaca la importancia de formar a los gestores educativos, no solo a los profesores. Un buen director puede cambiar la cultura de una escuela, atraer recursos y construir confianza, incluso en un sistema rígido.
La educación privada a veces ofrece modelos del futuro, pero solo es accesible a una pequeña parte de la sociedad.
La solución no es migrar a los niños hacia lo privado, sino transferir buenas prácticas a la escuela pública. Existen ejemplos, pero no se replican a gran escala.
Para Paula Herlo, toda reforma real en educación debe partir de dos cosas fundamentales:
- recursos;
- cuerpos docentes.
Profesores bien preparados, bien pagados, respetados y evaluados de forma justa.
Sin estas condiciones, cualquier otra medida queda en superficialidad.
Sin una estrategia a largo plazo, la educación seguirá generando efectos en cadena. Desde la desinformación y polarización, hasta el debilitamiento de la capacidad del Estado para funcionar.
Por eso, dice Paula Herlo, la educación no es solo cosa de las escuelas.
Es sobre la seguridad y el futuro de toda una sociedad.
Cuando el Estado no responde, la voz se vuelve instrumento
Hay situaciones en las que respetar las reglas ya no produce ningún efecto. Las demandas quedan sin respuesta. Las denuncias se pierden. Los expedientes se pasean.
En ese punto, la voz se vuelve la principal herramienta de presión, y la exposición pública, la única forma de defensa.
«La gente debe aprender a usar las instituciones del Estado y a no temerles», dice Paula Herlo.
«Mientras tu comportamiento me cause un daño o incomodidad, no hay motivo para que guarde silencio»
El primer ejemplo es el de los niños mantenidos en condiciones inadecuadas en un hospital. La situación era conocida, pero ignorada. Solo cuando alguien entró, filmó y hizo público lo que pasaba, las cosas se movieron. El director llamó. Los niños fueron trasladados. El caso se resolvió.
«No porque les importara, sino porque se volvió visible»
Un segundo caso va más allá. Un voluntario que ayuda a niños vulnerables no recibía una autorización legal para su fábrica de pellets y briquetas orgánicas.
Tras meses de bloqueo, decidió actuar. Se ató con esposas a una tubería en la institución y dijo claramente que se quedaría allí hasta que le entregaran el documento.
«Hasta que no vengas con la autorización que debías darme en 20 días, no me quito las esposas», cuenta la periodista.
La autorización fue emitida.
El tercer ejemplo es el de la mujer que pedía asfaltado para un camino. No negoció. No esperó promesas. Demandó a la alcaldía. Ganó. La justicia obligó a la autoridad a asfaltarlo.
«Si no funciona con palabras amables, haces circo», dice Paul Herlo.
«No como fin, sino como instrumento. De lo contrario, no pasa nada».
Cuando el Estado no funciona, el ciudadano no debe retirarse, sino insistir.
Usar las instituciones. Documentar. Exponer. Molestar.
«Mientras tú me hagas daño, no tengo obligación de protegerte con silencio», dice la periodista.
«El silencio no es normalidad. El silencio es complicidad»
VEA AQUÍ EL PODCAST:
https://youtu.be/MSiOgv_koXg?si=edmqYhjTFMSsNyx7
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