Las protestas estudiantiles en Francia ponen de relieve el deterioro de las escuelas europeas

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Las protestas estudiantiles en Francia ponen de relieve el deterioro de las escuelas europeas

Escuelas sin calefacción ni aire acondicionado, escasez de docentes, profundas desigualdades sociales y materiales, edificios en ruinas, baños inutilizables o situados en el patio de la escuela: las protestas estudiantiles francesas están encontrando eco en toda Europa y sacando a la luz la situación en otros países.

El 17 de septiembre de 2026, varios profesores del instituto público Antoine de Saint-Exupéry de Créteil, al este de París, se declararon en huelga: protestaban contra la falta de profesores y enfermeros escolares, así como contra las malas condiciones, según informa France Inter. Desde Créteil, las protestas se han propagado como la pólvora —a veces, literalmente— por toda Francia.

Nos reunimos con Lya y Blanche, dos estudiantes de 16 años de París, en una de las protestas del 6 de octubre. «Es cierto que están aprovechando la violencia para conseguir atención mediática y ganarse al público», nos dijeron. «Pero esto es realmente un movimiento de estudiantes de secundaria que protestan contra el sistema [educativo] nacional. Por supuesto, hay incidentes de violencia por ambas partes [...]. Estamos organizando un bloqueo pacífico; no estamos aquí para destrozarlo todo, estamos aquí para exigir nuestros derechos».

En los medios de comunicación, las escenas de violencia suelen ocupar más espacio que las propias reivindicaciones, pero este movimiento, surgido en Francia, está arrojando luz sobre el estado de las escuelas en toda Europa.

¿Cuáles son las reivindicaciones del movimiento juvenil?

Entre las reivindicaciones del movimiento están la sustitución de los profesores ausentes, aulas limpias y equipadas con las instalaciones necesarias (incluidos pupitres y sillas), condiciones de enseñanza dignas, menos hacinamiento y horarios más ligeros.

Carteles expuestos fuera de un instituto de Aubervilliers, Seine-Saint-Denis, que explican cómo protegerse de la violencia policial. | Foto: ©Francesca Barca
Carteles expuestos fuera de un instituto de Aubervilliers (al norte de París), que explican cómo protegerse de la violencia policial. | Foto: ©Francesca Barca

Las cifras respaldan las reivindicaciones de los estudiantes. «El sistema público de educación secundaria cuenta ahora con menos profesores que en 2008, aunque educa a 250.000 alumnos más», informa Le Monde. «El número de alumnos ha seguido aumentando tanto en los institutos de enseñanza general como en los técnicos: en la educación pública, más del 70 % de las clases tienen más de 30 alumnos y, en el 20 % de los casos, más de 35». El mismo periódico también informa de que el número de puestos docentes sin cubrir se duplicó entre 2018 y 2024.

Una de las cuestiones clave es el sistema de admisión universitaria, el infame Parcoursup —una plataforma en línea donde los solicitantes introducen hasta 10 preferencias de programas de grado—, que muchos alumnos y profesores consideran injusto y poco transparente. Bettina, que prefiere no revelar su apellido, es una profesora de español de 50 años en un instituto privado concertado de París que participó en la manifestación del 6 de octubre junto a sus alumnos.

Para Bettina, el sistema de admisión equivale a un «proceso de selección escandaloso. Muchos alumnos —por lo general, aquellos de los barrios más desfavorecidos o de aquellos donde hay una mayor escasez de profesores— no pueden acceder a través de la plataforma a los estudios que desean cursar».

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La cuestión del mal estado de los edificios ya es de sobra conocida. Los institutos franceses tienen una antigüedad media de 61 años, que asciende a 71 en el caso de los centros de formación profesional. Solo el 15 % de los edificios se construyó o renovó desde 2015, y más de un tercio de las escuelas ha alcanzado o superado su capacidad máxima, según Le Monde.

Además, un informe de 2023 describe un sistema educativo que no consigue compensar las desigualdades de origen. Francia es uno de los países de la OCDE con peores resultados en este ámbito, explica Le Monde, porque «las desigualdades se refuerzan a lo largo de la trayectoria escolar de los alumnos». «Incluso con el mismo nivel educativo, los alumnos siguen trayectorias diferentes en función de su origen», explican Johanna Barasz y Peggy Furic, autoras del informe. «El 62 % de los hijos de trabajadores manuales no cualificados obtiene el bachillerato, frente al 94 % de los hijos de directivos».

Más allá de las escuelas francesas

El informe PISA 2025 de la OCDE ya había advertido sobre estas desigualdades, escribe Lola García-Ajofrín en El Confidencial. «Los estudiantes franceses de 15 años obtuvieron resultados cercanos a la media de la organización; sin embargo, los alumnos de entornos socioeconómicos más privilegiados obtuvieron 100 puntos más en ciencias que aquellos de entornos menos privilegiados: una brecha equivalente a entre dos años y medio y tres años de aprendizaje».

Rodrigo Castañeda Valle, analista de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE, señala que el panorama general «no sugiere que Francia sea el único país de Europa que se enfrenta a este desafío». En España, la brecha es de 71 puntos, frente a la media de 85 de la OCDE, en una clasificación encabezada por Rumanía, donde el origen familiar representa 122 puntos.

El estado de los edificios escolares

Los edificios en mal estado son otra cuestión compartida por varios países europeos.

Al menos 97 escuelas públicas de 16 condados de Rumanía tienen instalaciones sanitarias clasificadas como «inadecuadas», explica Adelina Mărăcine, de HotNews. Esto significa letrinas al aire libre o falta de acceso a agua corriente y de conexión al sistema de alcantarillado. El 9 de octubre de 2026, el Gobierno rumano asignó 7,849 millones de leus (1,6 millones de euros) para renovar estas escuelas.

Ion-Ovidiu Pânișoară, profesor de educación de la Universidad de Bucarest y director del Departamento de Formación del Profesorado de la universidad, explica a HotNews que Rumanía se enfrenta a muchos de los mismos problemas planteados por los estudiantes que protestan en Francia, incluidas instalaciones escolares inadecuadas, recursos insuficientes, cargas de trabajo excesivas y agotamiento del profesorado. «En mi opinión», declaró Pânișoară a El Confidencial, «la situación aquí es en algunos aspectos peor que en Francia. No creo que haya muchas escuelas en Francia con baños al aire libre».


«Ya era hora de que se pusieran de relieve las deficiencias del sistema educativo. Lo que los estudiantes de Francia están exigiendo debería darse por sentado, tanto allí como aquí» — Argyro Karakitsou, 17 años


Dicho esto, unas instalaciones sanitarias adecuadas son, en efecto, una de las reivindicaciones en Francia. Aunque no hay informes sobre baños al aire libre, los problemas incluyen condiciones insalubres, falta de papel higiénico y puertas rotas.

«Un baño al aire libre no significa simplemente la ausencia de un edificio; significa una falta de preocupación», continúa Pânișoară. «Un niño que asiste a una escuela en condiciones deplorables aprende que la escuela no importa. Se dice a los alumnos que la educación es importante, pero las condiciones les dicen lo contrario».

Durante el último curso académico, más de 10.000 profesores rumanos se manifestaron en Bucarest contra las medidas de austeridad establecidas en la Ley 141/2025, que incluyen un aumento de dos horas lectivas semanales, la fusión de varias escuelas y un incremento del tamaño de las clases.

En Bulgaria, donde según la OCDE más de la mitad de las escuelas tienen menos de 200 alumnos, hay centros que tienen dificultades para proporcionar calefacción, baños interiores, instalaciones deportivas o laboratorios, afirma Desislava Koleva, de Mediapool.

Aulas prefabricadas en Grecia

En Grecia, Kostas Zafeiropous, de Efsyn, explica: «casi dos tercios de los edificios escolares se construyeron antes de 1985. Según la encuesta PISA 2025, el 47 % de los griegos de 15 años asiste a escuelas cuyos directores señalan que unas infraestructuras inadecuadas —incluidas las estructuras, el aire acondicionado y la calefacción— obstaculizan la enseñanza, mientras que el 46 % asiste a escuelas donde se informa de escasez de profesores».

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Los problemas son especialmente evidentes en los centros de educación especial y en las islas remotas, informa el periodista. Investigadores de la Universidad Técnica de Creta visitaron más de 250 escuelas de todas las regiones del país como parte del proyecto «Lugares contemporáneos de aprendizaje». Descubrieron enormes disparidades, desde escuelas modernas y bien equipadas hasta laboratorios instalados en sótanos húmedos, escuelas sin patios adecuados e instalaciones que no responden a las necesidades educativas.

En la Escuela de Arte de Heraclión, en Creta, «la mayoría de las clases se imparten en aulas prefabricadas y, en algunas, nos cae agua sobre la cabeza», explica Anthoula Digenaki, presidenta del consejo estudiantil de la escuela, que habló con Efsyn durante la movilización de los estudiantes griegos del 8 de octubre.


«Somos el futuro, pero parece que no nos prestan mucha atención» — Aiden, 16 años


Argyro Karakitsou, de 17 años, alumna de un instituto público de Atenas, afirma que «a veces una asignatura no se imparte durante los dos o tres primeros meses del curso escolar o, cuando un profesor se ausenta por motivos de salud, no se nombra a ningún sustituto hasta que regresa». Para Karakitsou, «ya era hora de que se pusieran de relieve las deficiencias del sistema educativo. Lo que los estudiantes de Francia están exigiendo debería darse por sentado, tanto allí como aquí».

En España, donde la responsabilidad recae en las comunidades autónomas (o regiones), se calcula que antes de la pandemia unos 50.000 alumnos asistían a clase en aulas prefabricadas. De ellos, alrededor de 20.000 estaban en Cataluña, unos 12.000 en Valencia y unos 11.000 en Andalucía.

Aulas como hornos

En cuanto a las condiciones en las que se supone que los alumnos deben aprender, la situación en Francia «empieza a ser muy preocupante», afirma Bettina en París. En relación con la crisis climática, Bettina revela que «el año pasado acabamos teniendo clases de 35 alumnos, con ventanas que apenas se abrían o no se abrían en absoluto y temperaturas en las aulas que alcanzaban los 40 grados».

En Austria, como explica Theo Anders, del periódico austriaco Der Standard, el 88 % de los más de 1.500 alumnos y profesores encuestados en un estudio realizado por el Instituto Austriaco de Tecnología durante la ola de calor de junio sintió que las temperaturas de sus escuelas les provocaban estrés, y tres cuartas partes tuvieron dificultades para concentrarse.

Más de la mitad se quejó de dolores de cabeza. Como declaró a Der Standard un profesor de una escuela de Viena, «entras en la sala de profesores y te golpea una ola de aire viciado. ¿Ventilar la sala durante la noche? ¡Prohibido: alguien podría entrar en el edificio y robar algo! ¿Aire acondicionado? Ja, ja».

Aiden, de 16 años, a quien conocimos en los márgenes de las protestas de París del 6 de octubre, resume los sentimientos de sus homólogos europeos: «somos el futuro, pero parece que no nos prestan mucha atención».

🤝 Este artículo se produjo como parte del proyecto colaborativo PULSE. Entre los colaboradores estuvieron Desislava Koleva (Mediapool, Bulgaria), Theo Anders (Der Standard, Austria), Kostas Zafeiropous (Efsyn, Grecia) y Adelina Mărăcine (HotNews, Rumanía).
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